martes 27 de abril de 2010

Frank Miller

Estudia las mejores obras de Alex Toth, Johnny Craig, o Fritz Lang. Muy a menudo lo que no hay es lo que narra mejor nuestra historia. Al dibujar mis cómics, ritualmente miro por encima de mis lápices garabateados para encontrar lo que es irrelevante para el momento, para la historia, y, por muy precioso y bonito que podría quedar, lo elimino.

Dejar que el ojo descanse, y dejar que disfrute, es lo que cuenta. Y nunca olvidarse de la capacidad del lector para ese proceso tan importante que es la clausura.

La clausura es un término que se aprende en la escuela de arte. Es la burla de la mirada del espectador para completar la imagen que tú no presentas enteramente. Como narrador, uno deja su obra deliberadamente incompleta, para que el espectador se convierta en un participante activo, creativo, terminando el trabajo y con ello disfrutando más.

Ya se trate de un montaje entre escenas de película o de un espacio en blanco entre las viñetas de un comic book, nuestro público, como siempre, hace la mayor parte del trabajo por nosotros.

jueves 24 de septiembre de 2009

Alan Moore

La razón por la que quise hacer Watchmen de esa manera, es que nunca se había hecho nada similar en el pasado. Quise hacer algo distinto (…) Creo que lo que hice –tomar personajes antiguos y reinterpretarlos- condujo a la creación de comics muy oscuros y nada divertidos. Lo que menos quise fue que todos copiaran lo que hicimos con ese comic. Y bueno, si tuvieran que copiarse algo, hubiera preferido que copiaran la frescura y la originalidad de esas ideas – y tratar de expresar un poco la alegría que hay en los comics. Y sí, comics como Watchmen, Marvelman y Swamp Thing pueden ser muy oscuros, pero todos ellos tienen momentos de mucha alegría. Y básicamente me parece que las personas pudieron tomar de este comic lo único que pudieron tomar – una atmósfera deprimente y la idea que todos los personajes tienen que ser unos sicópatas sanguinarios.

Parece que la imaginación se hubiera extinguido. Me di cuenta hace poco que DC parece estar basando uno de sus últimos crossovers (Blackest Night) en un comic antiguo de 8 páginas que hice hace 25, 30 años. Cualquiera pensaría que es algo desesperado y hasta humillante. Cuando digo en entrevistas que los comics norteamericanos carecen de ideas, no estaba hablando en serio! No esperaba que las empresas dijeran “Si… tiene razón. Veamos si podemos encontrar otra historia suya de hace 30 años y convirtámosla en una saga espectacular”. Es trágico. Los comics que leí de niño estaban llenos de ideas. En cambio, hoy en día siento que la industria de comics se la pasa en mi basurero como mapaches, buscando ideas viejas en medio de la noche.

Y la verdad, no debería ser así, pero las personas a cargo de la industria están caminando en un callejón a ciegas, solo por el hecho que no pueden tener ideas originales por su propia cuenta. No hay visión sobre qué es lo que los comics puedes hacer. Es por eso que tienen que colgarse de las ideas del pasado. Es como la música pop. Se contenta con reciclar los buenos sonidos de los 60s, 70s y al parecer ahora, de los 80s. La gente merece buenas historias. Merecemos arte de nuestro tiempo. No merecemos este reciclaje infinito de cosas buenas de hace 30 años.

(Publicado originalmente en mania.com. Versión en español de ciudadanopop.blogspot.com)

jueves 13 de agosto de 2009

Daniel Clowes


(…) Siempre he encontrado un ritmo cinematográfico en tus cómics.

Cuando hago cómic, no pienso en términos de ritmo cinematográfico. Los grandes cómics tienen su propio ritmo –eso es de lo que van. Es el pulso de la narrativa lo que les da vida.

Fíjate en Peanuts. Charles Schulz tenía ritmo perfecto en cada una de las tiras. Cada una de esas tiras tenía sus propios pulsos, y siempre funcionaban. Robert Crumb también tiene ese talento, como lo tenía Harvey Kurtzman.

Si quieres triunfar realmente como autor de cómic, tienes que hacer más que crear imágenes impactantes.

(…) ¿Cómo capturas tu propia realidad?

Personalmente, tengo que ser consciente de mi propia manera de ver el mundo. No trato de reproducir el modo en que realmente es el mundo tanto como el modo en que yo lo imagino. Años atrás, los dibujantes tenían un “archivo morgue”, que contenía fotos de cada referencia imaginable: coches, radios, botes, edificios. Pero yo no quiero nada así. Para mí, es mucho más valido recordar el aspecto de algo.

Por ejemplo, si quisiera dibujar un Starbucks, podría tomar una foto y después calcarla. Pero lo que realmente quiero es una impresión interna del aspecto de un Starbucks.

Entrevista hecha por Mike Sacks, extractado de Entrecomics

Art Spiegelman


Desde su punto de vista, ¿qué es lo específico del cómic?

Creo que pasa simplemente por el hecho de ver el mundo a través del cómic. Tengo amigos músicos a quienes el universo de Duke Ellington o Charlie Parker les modifica la percepción del mundo. El cómic modifica mi percepción del mundo con Dick Tracy, de Chester Gould, o con Georges Herriman, por ejemplo. Cuando veo una magnífica puesta de sol, me digo: “¡Vaya! Este paisaje se parece tanto a una plancha de Krazy Kat”. Y luego, siempre me he sentido fascinado por esa capacidad que tiene el cómic de poner el tiempo en suspensión, jugando sobre múltiples combinaciones entre el texto y las imágenes, por su métrica y su ritmo. Para decirlo de una vez, esto continúa siendo un misterio para mí.

Stéphane Beaujean y Romain Brethes entrevistan a Art Spiegelman en Crítica de la Argentina.

Extraído de Entrecomics

lunes 23 de marzo de 2009

Carlos Giménez

Yo suelo decir de esta profesión que es como una novia fea, sucia, poco honrada y que te trata mal, pero a la que quieres y estás enamorado de ella. Es una profesión muy difícil. Cuando me toca hacer una ilustración, o una tarjeta, me doy cuenta de lo fácil que me resulta y de la cantidad de horas que, en cambio, me cuesta hacer una página de una historieta. La cantidad de cosas que hay que tener en cuenta a la hora de dibujar una historieta… Cuando he trabajado para la publicidad, o para el cine (colaboró con cineastas Almodóvar y Guillermo del Toro), todo ha sido más sencillo. Comparado con la historieta, todo es muy sencillo.

Ana Lucas entrevista a Carlos Giménez en La Opinión de Murcia.

Extraído de Entrecomics (2009)



lunes 7 de abril de 2008

P. Craig Russell

A mi juicio las historias gráficas sin palabras son comparables con una forma literaria como la poesía, mientras que las historias gráficas con palabras son prosa. Hay una marcada línea narrativa en las historias con palabras y generalmente las cosas significan lo que significan. Vas en línea recta del principio al final. Con las historias sin palabras, las metáforas son mucho más fuertes y la relación entre las imágenes puede ser más ambigua. La gente que lamenta la falta de "argumento" en las fantasias simbólicas no comprenden el punto principal. Intenta leer "Kubla Khan", de Coleridge, y dime de qué trata el argumento. No lo hay. Y el efecto es más espeluznante precisamente porque no lo hay.

Una de las mejores cosas de las palabras es que te hacen ir más despacio y esto te permite absorber los dibujos. Comprobé que aprecio más lo visual cuando leo una historia gráfica porque, aunque puede que esté concentrando la atención en las palabras, al mismo tiempo absorbo los dibujos. De ellos recibo un impacto más fuerte que cuando simplemente hojeo la revista.

Las palabras, cuando las hay, actúan como un dispositivo de cronometraje. Puedes saltártelas si quieres, pero son una forma de hacerte ir a determinado ritmo. En una historia sin texto, especialmente en una fantasía simbolista, sobre el lector recae mayor responsabilidad debido a que debe absorber las viñetas más despacio porque no todo está en la superficie.

A mi modo de ver, no hay cumplido mayor que cuando un guionista mira los dibujos terminados, antes de que haya escrito el guión, y dice que siguiendo los dibujos adivina el argumento. Puede que no entiendas lo que dicen todos los personajes, pero sí comprendes la dinámica emocional. La claridad narrativa debería estar allí antes de añadir las palabras, del mismo modo que los dibujos deberían funcionar en blanco y negro antes de añadir el color.

La ciencia-ficción está arraigada en una proyección de nuestro mundo, tal como es hoy, hacia el mundo de mañana. Depende visualmente de gente real en un mundo real. Eso no me interesa demasiado. No porque no me interesen la ciencia-ficción o las personas reales, sino porque sencillamente no me interesa dibujar el mundo moderno. La mayor parte de la ciencia-ficción utiliza eso en algún nivel. Lo que sí me gusta es imaginarme otras civilizaciones, otros mundos; esa parte de la ciencia ficción.

(de una entrevista por Archie Goodwin "Epic' 1982)

Jim Starlin

Muchos dibujantes que buscan un estímulo artístico o estético acaban por crearlo ellos mismos partiendo de cosas como los comics o la ilustración. Recuerdo que cuando me estaba haciendo hombre en Detroit no podía comprarme libros de arte porque no tenía dinero. Sólo tenía el que ganaba repartiendo periódicos. Los comics eran lo único que podía comprarme. Creo que fue cosa de crearse una cultura propia partiendo de lo que estaba a mi alcance, ¿sabes?

Una vez te has convertido en dibujante profesional, siempre estás aprendiendo, pero en realidad no puedes dejar el trabajo y dedicar un período largo a aprender. El arte es tu medio de vida. Además del placer que te proporciona, tienes que enfocarlo de tal manera que te sirva para ganarte la vida. Los perfeccionamientos deben venir sobre la marcha. A causa de ello, te saldrán mal muchas cosas -o al menos a ti te parece que están mal-: portadas malas, pinturas malas que te obsesionarán años más tarde. Pero no hay más remedio que hacerlo de esta manera.

Mis dioses eran JACK KIRBY y STEVE DIKTO. Más tarde tuve otros, como JOHN BUSCEMA y STERANKO, por ejemplo, pero STEVE y JACK eran mis deidades principales.

Procuro leer todo lo que puedo, pero muchas de las cosas que recuerdo de los libros no consigo relacionarlas siempre con el autor que las escribió. En lo que se refiere a la literatura, citaría a Charles Dickens y a Shakespeare. Por lo que respecta concretamente a la ciencia ficción, probablemente Michael Moorcock y Roger Zelazny son mis favoritos. De hecho, diría que Zelazny es mi escritor favorito.

(de una entrevista por Archie Goodwin en "Epic", 1981)