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lunes, 7 de abril de 2008

Francisco Hidalgo


Recuerdo los años 40 como el fin de la guerra civil. En aquellos tiempos vivía en San Sebastián y mis primeros conocimientos de la historieta fueron las revistas "TBO" y "Chicos". Recuerdo que "Chicos" se imprimía en San Sebastián en offset, una novedad en esa época. No sé cuando empecé a interesarme por el dibujo, creo que nací dibujando. El breve tiempo en que frecuenté la escuela, mis dibujos servían de ejemplo para toda la clase.

En el 41 mis padres decidieron establecerse en Barcelona. Mi interés por la historieta se desarrolló cuando descubrí los dibujos de JESUS BLASCO y EMILIO FREIXAS, los dos trabajaban para la revista "Chicos", la única revista interesante creada al finalizarse la guerra. BLASCO era el maestro y un ejemplo de lo mejor que se podía hacer en España en el campo de la historieta. Recuerdo haberme propuesto trabajar sin descanso hasta que hubiese conseguido una calidad suficiente que me permitiese presentar mis dibujos al mejor editor de ese tiempo. Yo tenía 15 o 17 años y me temía que no me tomasen en serio. Una de mis primera historietas la publiqué en "Chicos": Cita con la muerte. Escribí yo mismo el guión puesto que tenía un concepto muy particular. Cada personaje había de tener una personalidad diferente, así como los diálogos. Se trataba de un detective privado que actuaba en Nueva York y la originalidad de esta historieta radicaba en la planificación del diseño gráfico. A raiz de esto, Bruguera me dió a ilustrar un personaje de tipo policiaco, sin duda porque dedujeron que tenía habilidad para dibujar historietas policíacas. Se llamó Dr. Niebla.

Traté inmediatamente de sacarle partido a ese personaje, pero los primeros guiones me resultaban sin interés y los diálogos eran de una gran banalidad. En esa época tuve la suerte de encontrar a VICTOR MORA. El tenía una gran afición por el dibujo y dibujaba muy bien, pero yo le convencí de desarrollar una calidad de escritor que él poseía. Así fué como creamos el Dr. Niebla. Los dos nos apasionábamos, en aquel entonces, por Oscar Wilde y William Irish. Nos gustaba en particular el humor negro. Otro evento importante de mi vida fué el conocer a JOSEP TOUTAIN. Como todos mis amigos en esos tiempos también se apasionaba por la historieta y llegó a ser un excelente dibujante.

El cine de los años 50 me influenció enormemente, especialmente como Fritz Lang, Robert Siodmak con "Forajidos" y "Laura" (con el magnífico guión de Vera Caspary y la magistral actuación de Clifton Webb). Por otra parte, "La Dama de Shanghai" de Orson Welles del cual sigo siendo un gran admirador.

En cuanto a los dibujantes de esa época uno de los que más me fascinó fué ALEX RAYMOND debido a la perfección de su dibujo. Pero en realidad, admiraba más a WILL EISNER y MILTON CANIFF por el ambiente que conseguían en la narración gráfica.

En esa época era difícil crear algo nuevo en España sin duda porque ya se había hecho todo, pero la razón más importante era que un editor no quería correr el riesgo de vender una serie "original" de un dibujante que consideraba anticomercial. Las historietas más banales eran las que mejor se vendían.

Si ahora tuviese que juzgar el trabajo que hice en aquella época, creo que cometí el error de conceder demasiada importancia a la realización con objeto de conseguirla perfección. Perfección que no alcancé. Hoy he descubierto que lo que es importante en la vida es la concepción y no la realización. (1983)

(Extractado de Historia de los Comics de editorial Toutain)

lunes, 31 de diciembre de 2007

Will Eisner (4)

El superhéroe es un producto típico de la cultura americana. Va vestido como el clásico forzudo del circo. Suele interpretar historias de venganza o de persecución. Esta suerte de héroe está dotado de poderes sobrenaturales que limitan las posibilidades de los guiones. Como ícono, satisface plenamente la atracción nacional y popular hacia la figura del héroes que triunfa más por la fuerza que por la maña.

(Extractado de "La Narración Gráfica", editorial Norma)

viernes, 21 de diciembre de 2007

Will Eisner (3)

El cómic es, por esencia, un medio visual compuesto de imágenes. Si bien la palabra constituye uno de sus componentes vitales, son las imágenes las que cargan con el peso de la descripción y narración, imágenes comprensibles para todo el mundo, realizadas con la intención de imitar o exagerar la realidad. Y por ello, a veces, el resultado es una preocupación excesiva por los elementos gráficos. La presentación de la página, los efectos impactantes, las técnicas sorprendentes y los colores alucinantes pueden monopolizar la atención del creador. En consecuencia, el guionista y el dibujante se apartan de la disciplina de la construcción narrativa y se quedan en una mera presentación. Cuando pasa eso, el dibujo controla a la escritura y el producto desciende hasta convertirse, poco más o menos, en comida basura literaria.

Pese a la omnipresencia y visibilidad del dibujo, estoy convencido de que la parte fundamental del cómic es la historia. No sólo es el marco intelectual que sostiene al dibujo, sino que también y ante todo es lo que impulsa la continuación del elemento gráfico. Reto sobrecogedor para un medio al que se le ha venido considerando cosa de niños. La tarea se agrava considerablemente ante la reacción del público, que considera las imágenes y tebeos como algo propio de infantes. Sin embargo, el cómic es una forma literaria y a medida que madura, aspira a ser reconocido como un medio tan "legítimo" como el que más.

La tradicional producción de comics a cargo de un solo individuo dio pie, a lo largo de los años, a la predominancia de equipos (guionista, dibujante, entintador, colorista y rotulistas). Mientras el dibujante/guionista asume la total responsabilidad de la narración, el equipo, en su totalidad, debe sentirse conectado a la articulación de la historia. La escritura, tal como yo la empleo en el cómic, no se limita a servirse de palabras. La escritura en el cómic abarca todos los elementos en una mezcla perfecta y se vuelve parte de la mecánica de este medio de expresión artística.

(Extractado de "La Narración Gráfica" por Will Eisner, editorial Norma)

lunes, 17 de diciembre de 2007

Will Eisner (2)

En nuestra cultura, el cine y los cómics son los dos puntales más importantes que se sirven de la imagen para contar una historia. Ambos medios emplean la sucesión de imágenes así como el texto o diálogo. Pero igual que el cine y el teatro hace mucho que gozan de excelentes referencias, el cómic sigue forcejeando por hacerse reconocer como medio de expresión artística. Pese a sus más de noventa y nueve años de rodaje, todavía se le sigue considerando como un medio literario problemático.

Como resulta tan fácil leer cómics, éstos se han ganado la reputación de ser algo propio de gente de pocas luces y de coeficiente intelectual limitado. Y, a decir verdad, durante décadas el contenido de las historias de los cómics estaban concebidas para un público de esas características. Son todavía muchos los creadores que no van más allá de ofrecer una excitación sexual y una violencia disparatada. Así, no es de sorprender que durante mucho tiempo el sistema haya distado de mostrarse entusiasta en cuanto a la aceptación de este medio se refiere.

La primacía del dibujo en el formato de cómics tradicional hizo que se pusiera más énfasis en el grafismo que en su contenido literario. Por ello, no tiene nada de sorprendente que a los cómics, en cuanto a lectura, se les viera como una amenaza contra la alfabetización, pues por alfabetizada se tiene a la era pre-visual y electrónica.

(Extractado de "La Narración Gráfica" de Will Eisner, editorial Norma)

viernes, 14 de diciembre de 2007

Will Eisner

El comic como forma literaria tiene una historia larga que aún no ha sido suficientemente explorada, pero el "comic book", o revista de comics, con que los comics se identifican tan estrechamente en esta generación, tiene sólo cincuenta años de edad.

A mediados de los años treinta, pisándole los talones a la "Gran Depresión", un impresor de suplementos de comics de la prensa dominical reunió una colección de tiras cotidianas en una publicación de "cuatro pliegos" y con ello creó una revista para los quioscos. Se titulaba "Famous Funnies". El éxito fue instantáneo, al menos tan "instantáneo" como puede esperar cualquier publicación. En muy poco tiempo los demás editores de material para el mercado de masas echaron mano de todas las tiras "diarias" disponibles y controladas por los Syndicates para la prensa y de esta manera prepararon el escenario para el siguiente acto.

Fue una época tumultuosa. Los "pulps" (baratas revistas de narrativa popular) se morían en los quioscos mientras las revistas ilustradas empezaban a aparecer y a ganarse el favor del público popular. Las películas se encontraban en su cenit, los libros aparecían ilustrados más profusamente. Era el amanecer de la "era visual". Los periódicos todavía concedían a las series de comics el mérito de contribuir en gran medida a su circulación.

A principios de 1937, cuando hacía poco más de un año que había salido de la escuela superior, oí hablar de una revista titulada "Wow". La revista estaba publicando diversas series de comics y daba trabajo a ilustradores y "cartoonists" (dibujantes de comics) desconocidos. Fui a verles y les vendí mi primer comic, una historia de aventuras titulada Scott Dalton. El sistema de la revista era muy poco rígido y, al parecer, no les importó que la historia tuviese continuidad. Al cabo de tres números, "Wow" se fue a pique. Mas esta breve aventura fue para mi la entrada en el mundo de los comics. No sólo me proporcionó la primera oportunidad de publicar algo mío, sino que también me dio el primer vislumbre del fenómeno de un género naciente. Me encontraba en la confluencia de las fuerzas de la "falta de material" y la "necesidad sentida" de un público hambriento de literatura visual. Las dos fuerzas convergían y yo estaba allí, testigo de un nacimiento si se quiere.

Era claro que pronto se necesitarían historias completas. Todas las revistas eran mensuales y no soportarían la serialización como las publicaciones diarias o semanales del pasado. Y, al parecer, la necesidad de nuevas series no tenía límite. Todas las series para la prensa estaban comprometidas y los editores de "pulps" entraban en este mercado nuevo sin poseer verdadera experiencia en el campo de los comics. Así, pues, la receptividad que encontraban las innovaciones era enorme. En Eisner & Iger, compañía que formé con el ex editor de la ya desaparecida "Wow" empezamos a crear comics de esta índole. Las series eran una mezcla de las formas propias de la narración corta de los “pulps”, y del lenguaje narrativo de la serie de comics.

En 1938 había ya casi sesenta "comic books" en los quioscos. Los personajes creados para este mercado habían cuajado y el "comic book" tal como lo conocemos hoy era un bebé en crecimiento.

(1982)
(Extractado de Historia de los Comics de editorial Toutain)


viernes, 7 de diciembre de 2007

Hugo Pratt (2)

Caniff y Sickles.

En cuanto a mí, pienso que gráficamente he sido siempre muy fiel a Caniff. Él ha sido la gran invención, la gran novedad que encontré desde el punto de vista gráfico. Y también en lo que respecta al modo de contar una historia. Tal es el caso de la técnica "cinematográfica" y todo eso. Creo que es el autor más importante dentro de la historieta. Sobre todo cuando hacía TERRY Y LOS PIRATAS; después, STEVE CANYON no me interesaba tanto. El hecho de caer en lo político partidista no me entusiasmaba. Pero era siempre un maestro en la gráfica y en la narración. Y mi raíz está entonces en Caniff y en Noel Sickles. Sickles fue un dibujante que hacía SCORCHY SMITH y que de alguna manera influyó en Caniff, en el dibujo, en el estilo. Trabajaban juntos, eran compañeros de pieza cuando comenzaron a trabajar en Nueva York, llegados de Ohio. Compartían un lugar.

He estado varias veces con Caniff. Una vez fue Ongaro a Londres a verlo porque sabía que estaba allí y hablando de dibujantes, Caniff le dice: "Ustedes no pueden quejarse, en Italia; lo tienen a Hugo Pratt, que es un buen dibujante. Él siempre dice que fui yo quien influyó en él, pero creo que hubiera salido lo mismo sin conocerme. Claro que todos tenemos un modelo, yo también -dijo aludiendo a Sickles-; pero después cada uno sigue un camino". Yo lo conozco de Nueva York y somos muy amigos ahora. Pero igual, con los años que tengo, inclusive el día de hoy, cuando lo veo me conmuevo siempre... Es porque me acuerdo de TERRY Y LOS PIRATAS, 1934... Y eso se nota en mis historietas y mis personajes.

Will Eisner ha sido también importante. Cuando hacíamos el Asso DI PICCHE había mucho de SPIRIT, del espíritu de SPIRIT. Pero no en el dibujo sino en la historia. Y eso habría que preguntarle a Ongaro, que era el guionista.

Además de Asso DI PICCHE, en Italia, se hizo JUNGLEMEN -Hombres de la jungla. La comenzó Dino Battaglia, que habrá hecho diez páginas, mientras yo dibujé las ochenta restantes... Sin embargo, HOMBRES DE LA JUNGLA siempre se la atribuyen a él. La historieta se continuó en Buenos Aires y se nota la gran influencia que tenía en los dos por entonces el dibujo de Caniff. Es el mismo trazo.

(Extractado del libro "Buscados Vivos" de Juan Sasturain, Astralib, 2004)