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martes, 6 de junio de 2017

Pierre Christin (3)


¿Cuál es la relación entre el guionista y el dibujante?

“El del guionista es un trabajo de ingeniero, debe construir algo que no se derrumbe ante el primer golpe de viento. El dibujante es el arquitecto, es él quien llenará de cemento el esqueleto del edificio. El guionista es una máquina que cuenta la parte funcional del comic.”

¿No hay en el guionista un sentimiento de escritor frustrado?

“El punto de partida de la escritura de una novela y el de un comic no son el mismo. Diferente es también el placer. Cuando escribo un comic, los 2/3 del trabajo los hace otro. Mi prosa se oculta en el dibujo. No existe más. En la novela contemporánea existen momentos autobiográficos que están prohibidos en el comic. No hay posibilidad de autoadmiración. El relato debe ser un edificio bien construido. El oficio de guionista exige pudor. No es posible conformarse con la exposición de temas; es necesario pasarlos a través de una serie de filtros para obtener un relato susceptible de ser dibujado. Hay una larga preparación: primero reúno toda la documentación. Después, en caliente, escribo toda la historia en pocos días, Inicia de esta manera la larga gestación del libro. El dibujante visualiza imagen por imagen mientras yo veo la historia en su globalidad. 

Hay intelectuales que se interesan por el comic. Después del viajero he aquí el Christin profesor universitario. Soy un intelectual de tipo clásico, acostumbrado a enseñar. Tengo la tendencia a tener ciertas tesis, construcciones «a priori». El comic me obliga a olvidar todo eso por poder entrar en la creatividad de otro. Es un modo que me sirve para superarme. El trabajo con diferentes dibujantes me permite desarrollar, cada vez, un aspecto de mi personalidad.”

Transcripción de parte largo ensayo-entrevista escrito por Thévenet para las revistas PILOT (italiana) y PILOTE (francesa). Extractado de la revista Vértigo (1983).  


miércoles, 5 de diciembre de 2007

Pierre Christin (2)

“Cuando era joven siempre tuve ganas de escribir historias, empecé escribiendo pequeños poemas y cuentos. Comencé con mi amigo de juventud, Jean Claude Mezieres que vivía en mi mismo barrio de juventud y después con otro amigo del liceo, Jean Giraud, Moebius. Éramos tres amigos con sueños. Cuando vi cómo dibujaba Jean Giraud decidí que era mejor que yo parara de dibujar. Así que decidí hacer jazz, porque Jean Giraud no era nada dotado para la música. Teníamos entre 16 y 18 años y el primer dinero que gané conduciendo una camioneta para hacer mandados, lo usé junto con Jean Claude Mezieres para realizar un cortometraje. Después nuestros destinos fueron un poco diferentes, Jean Giraud empezó muy rápidamente con la historieta. Yo hice ciencias políticas, literatura y comencé a trabajar como periodista. Mezieres comenzó a trabajar en publicidad. Luego a los 22 ó 23 años, trabajamos para un pequeño periódico que se distribuía gratuitamente en estaciones de servicio. Se distribuían un millón de ejemplares y yo escribía todos los textos con pseudónimos, los artículos científicos, los reportajes todo. Poco a poco Giraud y otros dibujantes me pidieron que les ayudara a escribir historias. Eran jóvenes y muy buenos dibujantes, pero no muy hábiles para contar historias. Después publiqué un libro sobre cine, sobre la función de la crítica cinematográfica. Por ese entonces yo tenía 25 años y me fui a los Estados Unidos y trabajé como profesor universitario. Tenía un seminario sobre surrealismo y otros de ciencias políticas y cine, que era todo lo que me interesaba. Lo que quería era ser un cowboy con Jean Claude Mezieres y trabajar en los ranchos... (risas) muy romántico... a veces montábamos a caballo. Yo recibía muy poco dinero por mi trabajo en la universidad y Jean Claude no tenía mucho trabajo por allá. Escribimos una pequeña historia de 6 páginas, se la enviamos a una persona que no conocíamos, el señor Goscinny y para un periódico que tampoco conocíamos y que se llamaba Pilote. Con el dinero de esta historia compramos el billete de avión para volver a Francia y vimos a Goscinny en la revista Pilote y nos dijo: “si quieren trabajar para nuestro equipo, adelante”.

Comencé con historias cortas, de una a tres páginas todas las semanas, porque Pilote era una revista semanal. Escribía los guiones sin conocer a los dibujantes porque había que trabajar muy duro y muy rápidamente”.

E: ¿Podrías contarnos cómo es tu proceso de escritura?

P: Yo escribo en todos lados y de todo. Escribo en los cafés, en los trenes, en el campo. Tengo siempre un bloc de notas donde tomo apuntes. Utilizo mucho mis sueños. Uso documentación. Tengo muchos libros, de todos los temas.

E: ¿Crees que un guionista debe ser culto? ¿Es una condición?

P: Es mejor. Un dibujante no necesariamente. Un dibujante es la mano, un guionista es la cabeza.

E: ¿Comienzas con la idea completa de la historia o vas avanzando a tientas?

P: Hago una fase preparatoria de apuntes, después escribo una sinopsis. Discuto mucho con los dibujantes -cuando escribo una novela discuto conmigo mismo- y cuando está listo, me voy frente a la computadora, pongo música, cierro la puerta, desconecto el teléfono y trato de hacer entre cinco y diez páginas por día.

E: ¿Escribir es un proceso agradable o a veces ha sido algo doloroso?

P: (Pausa) Es parte de la vida. Cuando murió alguien muy importante en mi vida dejé de escribir. Tuve miedo de no ser yo mismo. Escribir es un gran trabajo, es una rutina de todos los días. Hay muchas cosas que he botado a la basura. Tengo muchos libros publicados, unos cien, y otros cien que no lo han sido.

(Extractado de una entrevista de Carlos Reyes para el sitio web Ergocomics)
(2006)

martes, 20 de noviembre de 2007

Pierre Christin

Para el guionista de comics, ante todo es recomendable tener ideas, lo cual no es tan evidente. Tanto más cuanto he dicho ideas y no una idea: no siento ningún respeto en especial por esos "tele-films" (o pseudo films cinematográficos) basados en una idea de guionista, destinada principalmente a ser vendida a un sistema de producción. En comics pasa lo mismo: lo interesante es proponer ideas de posibles historias a alguien que ya posea su propio universo de creación. Seguidamente, la fusión se opera o no...

Otra pequeña cualidad que me parece útil: tener una pizca de cultura, eso va bien. Pero entendámonos bien. No se trata de ir de intelectual del tres al cuarto que explica a dibujantes algo obtusos lo que conviene pensar de la marcha del mundo. Pero, en cambio, sí se trata en muchos casos de hacer la síntesis de experiencias y lecturas muy diferentes de las suyas (como lo son las de un actor o un bailarín, por ejemplo) para abrir perspectivas que no habían imaginado, a menudo y paradójicamente, por auto-limitación. Un punto importante a señalar de pasada: la cultura está bien, pero la documentación que la fundamenta y se entrega al dibujante llegado el momento es todavía mejor...

Algunas aptitudes más susceptibles de revelarse útiles. Una buena capacidad de organización, entre otras cosas: el guión es la estructura de una historia y, sobre todo en caso de relatos largos, conviene ver a lo lejos y con claridad, precisamente para poder permitirse extravagancias y fantasías a lo largo de la ruta y del dibujo. Así pues, encontrar el equilibrio entre una forma globalmente coherente y encauzada, y la posibilidad siempre abierta de salidas narrativas incongruentes y apasionadas. En resumen, lo mismo que para componer una ópera se requiere una inmensa atención al conjunto y un gran cuidado del detalle, conviene velar por la armonía general de la ficción sin, por ello, reprimir los destellos del dibujo.

(de el libro dirigido por Jean-Luc Frometal "L 'Année de la Bande Dessinée 82-83")
(Extractado de Historia de los Comics de editorial Toutain)