También es perfectamente imaginable una historia en forma de elefante, de campo de trigo o de fuego de bengala. (1976)
Extraído del prólogo de The Long Tommorrow publicado por Eurocomic en 1982.
El blog de las citas en el el mundo del comic. Comentarios de los profesionales acerca de su arte, sus personajes, la industria y... otros profesionales.
“Cuando era joven siempre tuve ganas de escribir historias, empecé escribiendo pequeños poemas y cuentos. Comencé con mi amigo de juventud, Jean Claude Mezieres que vivía en mi mismo barrio de juventud y después con otro amigo del liceo, Jean Giraud, Moebius. Éramos tres amigos con sueños. Cuando vi cómo dibujaba Jean Giraud decidí que era mejor que yo parara de dibujar. Así que decidí hacer jazz, porque Jean Giraud no era nada dotado para la música. Teníamos entre 16 y 18 años y el primer dinero que gané conduciendo una camioneta para hacer mandados, lo usé junto con Jean Claude Mezieres para realizar un cortometraje. Después nuestros destinos fueron un poco diferentes, Jean Giraud empezó muy rápidamente con la historieta. Yo hice ciencias políticas, literatura y comencé a trabajar como periodista. Mezieres comenzó a trabajar en publicidad. Luego a los 22 ó 23 años, trabajamos para un pequeño periódico que se distribuía gratuitamente en estaciones de servicio. Se distribuían un millón de ejemplares y yo escribía todos los textos con pseudónimos, los artículos científicos, los reportajes todo. Poco a poco Giraud y otros dibujantes me pidieron que les ayudara a escribir historias. Eran jóvenes y muy buenos dibujantes, pero no muy hábiles para contar historias. Después publiqué un libro sobre cine, sobre la función de la crítica cinematográfica. Por ese entonces yo tenía 25 años y me fui a los Estados Unidos y trabajé como profesor universitario. Tenía un seminario sobre surrealismo y otros de ciencias políticas y cine, que era todo lo que me interesaba. Lo que quería era ser un cowboy con Jean Claude Mezieres y trabajar en los ranchos... (risas) muy romántico... a veces montábamos a caballo. Yo recibía muy poco dinero por mi trabajo en la universidad y Jean Claude no tenía mucho trabajo por allá. Escribimos una pequeña historia de 6 páginas, se la enviamos a una persona que no conocíamos, el señor Goscinny y para un periódico que tampoco conocíamos y que se llamaba Pilote. Con el dinero de esta historia compramos el billete de avión para volver a Francia y vimos a Goscinny en la revista Pilote y nos dijo: “si quieren trabajar para nuestro equipo, adelante”.