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jueves, 8 de junio de 2017

Hector Germán Oesterheld (2)

“Procuro poner siempre en mis historias acción, vigor, emoción, con bastante acento humano. La historia ideal es la que sacude al lector al comienzo, lo apasiona en su desarrollo y lo conmueve al final. Si a eso se le puede agregar ternura, se llega a la perfección”.



lunes, 10 de diciembre de 2007

Alberto Breccia

En 1958 hice mi primer trabajo con Oesterheld. Fué Sherlock Time, para "Hora Cero" de la Editorial Frontera. La historia de un detective del tiempo y del espacio que habita una casona-astronave, y del oscuro jubilado Luna, narrador y testigo.

El primer episodio, "La gota", está centrado en el interior de la casa de "robarse" al incauto Luna. Resolví la larga secuencia en blancos y negros, escorzos y sombras alargadas, y la crispación creciente del rostro flaco, anteojudo y anguloso del jubilado: mi propio rostro al fin... Sobre el final, luego de una fugaz aparición, se manifestaba el protagonista; Sherlock Time. Rasgos simples y gruesos, inexpresividad, un "cara de ¡ata" atlético y casi sobrador.

Años más tarde, en "Misterix" realizamos Mort Cinder. Era 1962 y alguna ver he hablado de las circunstancias que rodearon su creación. Circunstancias personales angustiosas. Creo que esto está ahí, en el dibujo. Más precisamente, en el rostro de Ezra Winston, el anticuario. Otra vez mi propio rostro.

Y sucedió algo curioso. Iniciada la historia con una estructura de personajes similar -el testigo y narrador, junto al protagonista que aparece al final para resolver y explicar la situación vivida por el otro- OESTERHELD debió echar mano a toda su experiencia de folletinista y alargador de situaciones creando un interminable suspense semanal con la persecución de Ezra a cargo de los "ojos de plomo".

No se trataba, sin embargo, de un recurso estilístico o un regodeo de narrador diestro sino de algo mucho más simple: Mort Cinder no tenía -todavía- rostro. Cada semana le reiteraba mi prórroga: "Esperá, no lo hagas aparecer todavía. No sé que cara tiene". Luego de una interminable secuencia y decenas de viñetas, finalmente una mano emerge de un ataúd, alguien se incorpora, de espaldas, luego se le ve de frente, ensombrecido y finalmente una luz de abajo le ilumina el rostro... Ese era Mort Cinder: rasgos simples, sombríos, cansancio de siglos tal vez.

En lo anecdótico, el rostro lo puso Horacio Lalia, actualmente un excelente dibujante y por entonces jugador de fútbol, que colaboraba en mi estudio.

(1983)

(Extractado de Historia de los Comics de esditorial Toutain)

Solano López

Cuando reflexiono sobre el tema, saco la conclusión de que soy afortunado. En el sentido de haber estado acompañado por muy buenos guionistas. Siempre, hasta el día de hoy.

Suelo hacer la lista mentalmente: ROGER PLA, JULIO PORTAS, HECTOR OESTERHELD, TOM TULLY, GOODALL, RICARDO BARREIRO, RAY COLLINS, y actualmente CARLOS SAMPAYO, mi hijo GABRIEL y SERGIO KERN.

Sin embargo, merece un comentario aparte mi relación con OESTERHELD. Cuando empecé a interesarme por la historieta con un objetivo profesional, hubo una en especial que me llamó la atención: Bull Rocket. Sin darme cuenta, la convertí en mi favorita. Recibí la primera gran satisfacción de mi vida de dibujante cuando la Editorial Abril me eligió para ilustrar precisamente esa historia, en sustitución de PAUL CAMPANI. Yo no lo conocía a HECTOR, veía simplemente su nombre como guionista de Bull Rocket. Ni siquiera sabía que era argentino. En esa época, todo lo que reconocíamos como muy bueno, suponíamos que debía venir del extranjero. Cuando lo conocí, su conversación, sus ideas, tuvieron sobre mí el mismo efecto que su palabra escrita. Llenaba mi cabeza de imágenes que inmediatamente deseaba convertir en dibujos. En ese sentido, puedo decir que me dí el gusto en gran estilo, ilustrando muchas de las historietas que escribió, cuando creó la hoy legendaria Editorial Frontera. ¿Me permiten la pequeña y nostálgica vanidad de recordar las historias que hicimos juntos en aquella época? Ahí van: El Eternauta, Rolo el marciano adoptivo, Joe Zonda, Rul de la Luna, Amapola Negra, Ernie Pike, El Cuaderno Rojo de E. Pike, y otras que no recuerdo. Para decirlo sin miramientos, en aquellos años me di inolvidables panzadas. Para un dibujante, trabajar con HECTOR era un verdadero festín. (1983)

(Extractado de Historia de los Comics de editorial Toutain)


Hector Germán Oesterheld

En Editorial Abril me pidieron una historia de la Legión Extranjera. Hasta me habían conseguido la documentación y todo. Todavía le debo tener, un libro en francés, con historias verdaderas de la Legión. Se llamaba “A moi la Legion”, que debe querer decir, traducido, algo así como "A mí la Legión". Y yo lo leí de punta a punta. Y le dije a Civita (el editor): "Pero ésta es una historia con héroes que son unos hijos de su madre, mercenarios, ladrones". Y me preguntó: "Pero, entonces, ¿no la va a hacer?". Y le dije: "NO". Es que uno lee esas historias de la Legión, como Beau Geste, y se da cuenta de otras cosas. Y uno ve a los tipos esos, peleando desde el fortín, y a los otros, los que atacan a cuerpo descubierto. El coraje que hace falta para salir a la arena y venir a atacar ese fortín... ¿Dónde se le va la simpatía a uno? La simpatía se le va con el pobre ensabanado que viene ahí a atacar.

Ernie Pike es una especie de homenaje a Ernie Pyle. Yo leí un artículo sobre Pyle que me impresionó mucho y me pareció una figura arquetípica. Incluso su muerte. Toda su vida parece escrita por un guionista. Luego leí algunas de las crónicas escritas por él. No ofrecían mayor anécdota. Eran más que nada siempre problemas humanos, el soldado pensando en su familia. Y si alguna vez contaba una acción bélica la contaba de una manera muy pedestre, desde el punto de vista de un hombre cualquiera, como uno, sin siquiera mucho conocimiento de estrategia, armamento y todo eso. Por esta razón me resultó profundamente atractivo. Y cuando leí que había sido el corresponsal más leído en Estados Unidos durante la guerra... y después el final que tuvo. Murió en Iwo Jima, ya había terminado la campaña; los vencedores estaban haciendo operaciones de limpieza. Iban varios en un jeep, un francotirador japonés disparó. Todos corrieron a tirarse en la cuneta. Cuando se levantaron y volvieron al coche vieron que uno había quedado allá; Ernie Pyle, que estaba muerto. Y así terminó. Cierra su vida y su historia en forma redonda, redonda en lo suyo, muriendo cuando terminó la guerra, de la forma más tonta.

Nunca trabajé con los dibujantes el desarrollo de un personaje. El único caso fue BRECCIA. Hubo una charla con él. Una vez, mientras comíamos, le conté que íbamos a hacer una historia con un tipo que resucitaba. Y la conversación no avanzó mucho más de eso; no podía avanzar más, porque ni yo sabía qué era Mort Cinder. Fíjense que después, con el tiempo, en la revista española "Bang!" salió una crítica a la historieta, de lo más justa, hay que anotarle un poroto al crítico, quien dice que parece que Mort Cinder se hubiera construido a base de golpes de efecto. Y tiene razón. Parecería que ese crítico sabía en qué circunstancias nació Mort Cinder. Fue en una época mía muy complicada; habían fracasado mis revistas, trabajaba en la empresa que hacía "Vea y Lea". Entonces tomé el trabajo de Mort Cinder por unos pesos, que eran pocos, escasos. Y aunque me hubieran dado la mitad lo habría hecho igual. Y empecé a construir los primeros episodios a fuerza de oficio, hilvanando una historia que fue creciendo en el momento de su construcción, al hacerla. Yo no tenía tiempo, por todos los trabajos que hacía, para detenerme una tarde a pensarla un poco. Las deficiencias, las indefiniciones de Mort Cinder, son las que luego fueron festejadas como un acierto. Pero yo mentiría si aceptara lo que son. En realidad, ese acierto, si lo es, es hijo de las circunstancias.

(del último reportaje realizado a Oesterheld, que tuvo lugar en 1973 con Guillermo Saccomanno y Carlos Trillo como entrevistadores)
(Extractado de Historia de los Comics de editorial Toutain)

Hugo Pratt (3)

Después de ONGARO, con quien más trabajé fue con OESTERHELD. Tenía gran capacidad de invención, de simplificar todo lo que era bagaje cultural e informativo, y de darlo de una manera simple: daba un toque de una cosa, un toque de la otra, y tenía una fértil fantasía. Veo ahora las cosas hechas por él y considero que ha sido y es un tipo de enorme importancia en cuanto al modo de desarrollar una historia. Y en cuanto al humanismo y anticonvencionalidad que aparecen en Sargento Kirk y Bull Rockett -que yo me acuerde, al menos- ha sido el primero en hacer ese tipo de narración que significó un saldo cualitativo de importancia internacional. Sobre todo con el Sargento Kirk.

(de un reportaje realizado por Juan Sasturain)
(Extractado de Historia de los Comics de editorial Toutain)