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lunes, 7 de enero de 2008

Carlos Sampayo

Muchas veces me han preguntado por qué no escribo novelas y cuentos, aduciendo que el comic me queda corto. Yo soy, sobre todo, un guionista, un elaborador de historias en imágenes. El guión en mi medio de expresión, el comic -y eventualmente el cine- su concreción...

Mi modo de concebir una historia toma una primera forma en dos columnas de texto: a la izquierda la imagen descrita para ser traducida en imagen-imagen, a la derecha los diálogos y los epígrafes, que son una escritura definitiva.

Para la parte izquierda de la página tengo una cierta facilidad natural más el obvio complemento del dibujante; en la parte derecha estoy solo y siento los temores inherentes a la soledad. Allí hago hablar y reflexionar a personajes que pretendo que no sean una mera ficción. Mi parte izquierda es la que organiza mi fantasía, concreta mis sueños en imágenes, las arma en secuencias.

Mi parte derecha -la palabra- es la síntesis de mi comunicación con el lector. Las personas hablan en diferentes modos. Trato que mis personajes hagan otro tanto y que cada uno reflexione y piense como una persona, con autonomía... Soy capaz de escribir narraciones de solo escritura, no me falta oficio, pero si lo hago -a veces lo intento- siento que a mi expresión le está faltando imagen, le falta un brazo, el que se apoya en la parte izquierda de la página...

Mi descripción de imágenes y situaciones es, sobre todo, funcional. La expresión está en la totalidad de esas imágenes y en el texto escrito... No tengo facilidad natural para el trabajo, aunque una historia la puedo imaginar en un día, su montaje me cuesta un poco más de esfuerzo, pero puedo paralizarme durante un mes en un diálogo que no traduzca la esencia de los personajes. Muchas veces el compromiso de entrega me impide trabajar como quisiera. Sabrá el lector perdonarme y culpar a esa fría e inflexible cronología editorial... Si he hecho una buena historia, y lo sé, tiendo a pensar -siempre- que se trata de la última. Una buena historia es como un acto de amor hacia el lector, no premeditado.(1983)

(Extractado de Historia de los Comics de Editorial Toutain)

lunes, 10 de diciembre de 2007

Solano López

Cuando reflexiono sobre el tema, saco la conclusión de que soy afortunado. En el sentido de haber estado acompañado por muy buenos guionistas. Siempre, hasta el día de hoy.

Suelo hacer la lista mentalmente: ROGER PLA, JULIO PORTAS, HECTOR OESTERHELD, TOM TULLY, GOODALL, RICARDO BARREIRO, RAY COLLINS, y actualmente CARLOS SAMPAYO, mi hijo GABRIEL y SERGIO KERN.

Sin embargo, merece un comentario aparte mi relación con OESTERHELD. Cuando empecé a interesarme por la historieta con un objetivo profesional, hubo una en especial que me llamó la atención: Bull Rocket. Sin darme cuenta, la convertí en mi favorita. Recibí la primera gran satisfacción de mi vida de dibujante cuando la Editorial Abril me eligió para ilustrar precisamente esa historia, en sustitución de PAUL CAMPANI. Yo no lo conocía a HECTOR, veía simplemente su nombre como guionista de Bull Rocket. Ni siquiera sabía que era argentino. En esa época, todo lo que reconocíamos como muy bueno, suponíamos que debía venir del extranjero. Cuando lo conocí, su conversación, sus ideas, tuvieron sobre mí el mismo efecto que su palabra escrita. Llenaba mi cabeza de imágenes que inmediatamente deseaba convertir en dibujos. En ese sentido, puedo decir que me dí el gusto en gran estilo, ilustrando muchas de las historietas que escribió, cuando creó la hoy legendaria Editorial Frontera. ¿Me permiten la pequeña y nostálgica vanidad de recordar las historias que hicimos juntos en aquella época? Ahí van: El Eternauta, Rolo el marciano adoptivo, Joe Zonda, Rul de la Luna, Amapola Negra, Ernie Pike, El Cuaderno Rojo de E. Pike, y otras que no recuerdo. Para decirlo sin miramientos, en aquellos años me di inolvidables panzadas. Para un dibujante, trabajar con HECTOR era un verdadero festín. (1983)

(Extractado de Historia de los Comics de editorial Toutain)